Mientras caminaba veía y oía sus pasos
dirigiéndose hacia ese tren
el cual lo llevaría a su próxima casa,
a su vida real,
a la vida que tanto quiso,
a la vida que tenía que vivir.
¿Tenía que abordar aquel tren de los sueños?,
en realidad nadie lo sabrá
Esa tarde de Julio, donde el día no es tan frío
ni la noche tan calurosa
fué la última vez que lo vi.
Su tren partió a las 3:00 p.m en punto
y fue como si el reloj se hubiera detenido ahí
en esa estación aburrida
casi-desolada
sucia
congelando todo
menos aquellas lágrimas que humedecían mi rostro
haciéndome menos bella y más vulnerable
sintiendo como mi alma se iba desvaneciendo,
apagándose, yéndose de mí sin despedirse.
El humo iba en dirección contraria
no estaba pensando en nada
tenía la mente en blanco, como una hoja de papel virgen,
intacta
pura
¿Acaso es posible pensar en nada cuando se mezcla todo por dentro?
Seguía parada ahí
ya había pasado horas
pero sabía que nadie me miraba
porque a nadie le importa nada.
Sabía que no importara cuanto mas mirara hacia el horizonte vacío, el tren no regresaría
y menos por mí
y también sabía que era el comienzo de algo nuevo,
cerraba un capítulo viejo
para abrir otro nuevo.
(Me gusta ser la protagonista de todas mis historias)
Sabía que un cuerpo sin alma es más triste que un corazón roto
(al menos siempre hay alguien dispuesto a curártelo)